El señor Kim lamenta otro día más sin saber nada de quién pudo haber sacado esa información; para él todo esto se vuelve cada vez más frustrante y el dolor en su alma pesa cada vez más.
Agarra la taza de su escritorio y toma el líquido amargo que hay en su interior.
—Espero que no estés tomando lo que creo —se escucha una voz femenina de fondo. Él no ocupa voltear la mirada para saber con quién está hablando.
—Lo necesito para olvidar un poco los sentimientos que tengo —le contestó con un