Rebeca y Diego habían terminado de cenar y estaban apunto de ir a dormir. Habían tenido bastante trabajo en la clínica, y como aún estaban distanciados, solo hablaban lo necesario. Ninguno quería ceder, ambos eran orgullosos y defendían a su modo el punto de vista que cada uno tenía de la situación que se había presentado con Iván. Sin embargo, en el fondo sufrían en silencio, porque a pesar de las diferencias que los separaban, se amaban profundamente.
Cuando apagaron la luz de la lámpara, so