Se quedó paralizado, los ojos entrecerrándose con incredulidad. «¿Cómo puede esta mujer quedarse dormida tan fácilmente? Apenas estuve fuera cinco malditos minutos», murmuró entre dientes, la voz baja y tensa.
Un suspiro brusco escapó de él, la frustración enroscándose en su pecho. Sus dedos se aferraron al borde de su camiseta, quitándosela en un movimiento fluido y arrojándola a un lado sin ceremonia.
Se subió a la cama, estirándose boca arriba, las manos entrelazadas detrás de la cabeza. Sus