—¡Vamos! —se dijo—. Pensé que a la dulce le gustaban las ciencias y las matemáticas como a mí. No sabía que además sabía manipular las calificaciones.
Chelsea no sabía nada de manipulación; al escuchar a Isabella, casi se puso celosa. Quiso convertirla en su jefa al instante.
James se acercó, le dio un pulgar arriba y elogió sinceramente a Isabella:
—¡Lo sabía! ¡Eres increíble! Si te sigo, yo también mejoraré.
Chelsea le dio una palmada en el hombro a James y se prometió a sí misma: “Nunca me burlaré de ti por ser el seguidor de Isabella; quiero ser como ella”.
—¿Quién puede resistirse a una chica tan linda como Isabella? —se dijo—. ¡Humph! ¿Por qué Bella no puede ser mi hermana? Quiero una hermana dulce y genial como Bella.
Le inclinó la cabeza y vio la sonrisa en el delicado rostro de Isabella; parecía una muñeca seria.
—Bella, ¿qué color te gusta? —preguntó—. Te compraré un saco de ese color y te lo robaré de tu casa esta noche.
Isabella frunció los labios, pensó