—¡Vamos! —se dijo—. Pensé que a la dulce le gustaban las ciencias y las matemáticas como a mí. No sabía que además sabía manipular las calificaciones.
Chelsea no sabía nada de manipulación; al escuchar a Isabella, casi se puso celosa. Quiso convertirla en su jefa al instante.
James se acercó, le dio un pulgar arriba y elogió sinceramente a Isabella:
—¡Lo sabía! ¡Eres increíble! Si te sigo, yo también mejoraré.
Chelsea le dio una palmada en el hombro a James y se prometió a sí misma: “