Iñaki no se separa de Carlota ni un segundo y, para cuando le permiten entrar a ver a Carlo, la rodea con sus brazos para darle la fortaleza que necesita. Siguen al oficial en un silencio pesado y duro, el que jamás pensó sentir, porque no se puede imaginar otro momento en su vida en que se sintiera tan angustiada por Carlo como ahora.
—Tiene diez minutos, señora. Nada de abrazos ni acercarse demasiado.
—Bueno, mire muy bien mi acercamiento en la entrada, porque créame, lo que tengo que hacer n