Punto de vista de Luis
Elara se estremeció cuando pronuncié su nombre.
—Elara —repetí suavemente, de la forma en que un padre llamaría a un animal asustado—. Estás a salvo. Solo soy yo.
«Solo soy yo». Como si eso debiera significar algo. Como si no hubiera pasado los últimos cinco meses construyendo un trono de mentiras y compulsión solo para sentarme a su lado.
Ella seguía congelada. Tenía una mano presionada contra la parte baja de su vientre y la otra atrapada entre sujetar su toalla y b