Punto de vista de Elara
—Vaya, vaya. Pero si es nuestra dulce señora, otra vez de rodillas —se burló Orion.
—Cerdo —gruñó Xiomara—. Si se acerca más, le arrancaré la mano de un mordisco. No me pongas a prueba, Elara.
—¿Te caíste solo para llamar mi atención o fue un accidente? —dijo él, acuclillándose a mi lado sin esperar permiso.
—Tropecé con la alfombra —murmuré, sacudiendo la harina de mi delantal—. Eso es todo.
Orion intentó tocarme y retrocedí.
Pero me alcanzó de todos modos; sus ye