Punto de vista de Elara
Querida Luna.
Me dejé caer de espaldas contra las almohadas, con el calor subiendo por mi cuello como si me hubieran asado viva. Mis manos revoloteaban con torpeza sobre mi cuerpo, como si estuviera a punto de intentar una cirugía sin licencia. Él estaba de pie junto a la cama, con los brazos cruzados, observando como un entrenador en un recital. Mi corazón martilleaba tan fuerte que pensé que podría saltar de mi pecho y salir corriendo a esconderse.
—Mira la forma e