Punto de vista de Elara
Mi voz no sonaba como la mía. Era demasiado hueca y lejana. La voz de una extraña en mi propia boca.
Las lágrimas empañaron mi visión y brotaron rápidas y fuertes, empapando la sudadera, mis manos y las sábanas. Me encogí sobre mí misma, con la frente en las rodillas como una niña que se esconde de una tormenta eléctrica, excepto que esta tormenta estaba dentro de mí.
—¿Por qué? —me atraganté—. ¿Por qué le harías eso a ella?
Mamá no lo merecía. No merecía nada de es