Punto de vista de Elara
Las sombras en mi habitación se estiraban más de lo habitual, pintando monstruos de movimiento lento a través de las paredes mientras el sol se desangraba detrás de las colinas. Era el atardecer y otra hora más sin Kaelen.
Estaba sentada con las piernas cruzadas en mi cama, todavía usando la sudadera extragrande que él me había prestado la última vez que estuvo aquí. Olía a él: terroso y dulce, un poco como agujas de pino y peligro, y odiaba cuánto consuelo me daba es