Punto de vista de Luis
Me detuve detrás de Pedro, observando su cuerpo atado. Sonreí, pero no fue una sonrisa de amabilidad. Fue la sonrisa de alguien que ya había cruzado la línea, alguien que ya no sentía la necesidad de fingir. Los otros, Gonzalo y Rubén, seguían luchando contra sus propias ataduras. Sabían lo que estaba pasando, pero no podían detenerlo. Observaban a su amigo, a su camarada, temblar ante mí, sabiendo que ellos eran los siguientes.
—Ya no eres especial —le susurré al oído