Punto de Vista de Elara
Antes de que pudiera siquiera pensar en tomar mi bolsa, Ruben la agarró.
—Te llevaremos allá.
Luis Miguel, que todavía estaba inquietantemente callado, tomó mi segunda bolsa sin decir palabra.
Pedro aplaudió con las manos.
—¡Bien, vamos! ¡La reina necesita una escolta!
Solté una risa resoplando, siguiéndolos por la calle.
Mientras caminábamos, seguían lanzándome miradas, su vieja naturaleza burlona regresando.
—Sabes —reflexionó Gonzalo—, la cicatriz en realidad te hace