No hace falta que les diga cuánto se me desgarró el corazón en cuanto el médico me advirtió de lo que podía ocurrir. Mi hija no puede morir. Tiene tantas metas que alcanzar, tanta vida que vivir, tantos sueños y proyectos que deseo para ella.
La indignación vive en mi pecho. ¿Por qué tiene que pasarle esto a alguien tan joven? Preferiría que hubiera caído sobre mí, que esta enfermedad se hubiera cebado con mi cuerpo. Cualquier cosa menos mi hija. La debilidad es evidente. Dejo que mi cuerpo se