Soraya
— ¡Estás loco! - pongo la mano en mi pecho al saber que la persona misteriosa se trataba de Diogo Valadares. — Casi muero del corazón. ¡No vuelvas a hacer eso!
A su risa escandalosa, me doy cuenta de que Diogo no es más que un niño bromista. Sonríe como si estuviera en una obra de teatro cómica. Volteo los ojos y me preparo para salir.
— ¡Espera! Calma, Soraya. - poco a poco él consigue dispersar su euforia. —Fue muy divertido ver su cara de asombro imaginando que yo sería un asesino.
— N