Tomé unos analgésicos, y las niñas se quedaron haciéndome compañía junto con Gabriel y Esteban. Su rostro me resulta muy familiar, y creo que a él le ocurre lo mismo por la forma en que me mira.
— Esteban, puedes ir yendo —le dice Gabriel.
— ¿Me estás corriendo? Me quedaré aquí hasta que regrese Ivana o Rubí me corra —responde Esteban con su típico humor.
— Debería irme a casa —les digo, aunque sé que nadie me dejará ir tan fácilmente.
— Ni lo sueñes, Rubí. Te quedarás aquí al menos hasta mañan