Samantha estaba devastada sin ánimos de continuar, ya no tenía nada por hacer ni nada que esperar, miró el lago y recordó su pesadilla, aquella, en la cual se ahogaba en esas aguas, hasta que un hombre apuesto llegaba para salvarla; ese fue un sueño encantador, ansiaba ser querida, las lágrimas resbalaron por sus mejillas sin cesar y entonces decidió hacerlo real, se lanzó a las agua, mismas que le dieron una fría bienvenida, quizás la muerte la besaría.
—No soy la muerte, pero también te puedo