21 Gracias a Dios.
Alessandro Santoro ingreso en la que una vez fue su finca, su hogar, su lugar seguro, ahora tan distinto, tan vacío, carente de amor y felicidad, solo la oscuridad reinaba en él, mantuvo la vista en frente, hasta que llego al final del camino, encontrándose con la gran casona por la que una vez sus hijos corrieron, miro por el espejo retrovisor y no pudo evitar sentir miedo.
— ¿Estas segura? — la pregunta salió en un pequeño susurro, sabía cuál era la respuesta, aun así, quiso preguntar.
— Como