Un mes pasó como si nada. Dantes se iba temprano a la empresa y regresaba para la cena. Lirio estaba feliz con eso, ya que solía dormir hasta tarde después de ser casi obligada por la señora Marcela a desayunar. Para cuando despertaba en la tarde, ella recibía a su maestra de italiano, la señorita Petrucci.
La loba aún no había decidido qué estudiar en la universidad, y Dantes tampoco le había mencionado el tema, ya que su deseo era que Lirio estuviera tranquila y en espera de la llegada de su