El celular comenzó a timbrar a las diez y media de la noche, era mi madre Olga quien estaba preocupada porque no respondía los mensajes. Fue en ese momento que aterricé en la realidad. Parpadeé dos veces cuando aceleradamente contesté la llamada y me alejé hasta el corredor que conectaba con el recibidor.
—Hola, mami —dije casi a susurro, intentaba arreglar mi voz y no arrastrar las palabras con la lengua, ya que el alcohol comenzaba a subir a mi cabeza.
—¿Dónde estás? ¿Por qué no contestas mis