En los días previos al encuentro con Hugo, sufrí mucho de insomnio, lo que me recordaba a los días en que vivía en la vieja casa de mi madre, cuando recibía sus amenazas y me era imposible dormir. Lo que lograba reconfortarme era escribir, así que, volví a mis hábitos anteriores para esas noches de insomnio, escribía todo lo que podía, aporreando las teclas de la laptop como si no hubiera un mañana. Llegué a escribir hasta diez mil palabras en una noche, recuerdo estar eufórica, después de ha