Capítulo 25
Sin embargo, se contuvo y estacionó frente a una farmacia.

Volvió rápidamente y, abriendo la puerta del copiloto, le quitó el calcetín a Sheila.

—¿Qué haces? —preguntó ella confundida.

—Revisando tu pie. Te lo torciste, ¿no? Sería malo si se hincha.

—Gracias.

Conmovida por sus gestos delicados, Sheila se inclinó y le dio un rápido beso en la mejilla.

Ese breve contacto bastó para que Marco se sonrojara hasta las orejas. Siempre la provocaba, pero cuando ella lo besaba, se ponía nervioso y torpe.
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