Sin embargo, se contuvo y estacionó frente a una farmacia.
Volvió rápidamente y, abriendo la puerta del copiloto, le quitó el calcetín a Sheila.
—¿Qué haces? —preguntó ella confundida.
—Revisando tu pie. Te lo torciste, ¿no? Sería malo si se hincha.
—Gracias.
Conmovida por sus gestos delicados, Sheila se inclinó y le dio un rápido beso en la mejilla.
Ese breve contacto bastó para que Marco se sonrojara hasta las orejas. Siempre la provocaba, pero cuando ella lo besaba, se ponía nervioso y torpe.