Las luces de la ciudad se desdibujaron en rayas mientras William aceleraba por las carreteras vacías.
Sujetaba con fuerza el volante y apretaba la mandíbula con tanta fuerza que le dolía.
Natán. Su hijo. Tomada justo frente a él.
Una fría ira ardía en su pecho, más fuerte que cualquier cosa que hubiera sentido antes. "Rastrea su teléfono", ordenó bruscamente.
Shawn, sentado a su lado con una computadora portátil abierta, asintió rápidamente.
"Estoy en ello... ella lo apagó, pero estoy rast