Semanas más tarde, después de la noche que William y yo pasamos juntos, sonó mi teléfono.
Guillermo.
"Necesito que vengas al City Hospital. Ahora".
Su tono no dejaba lugar a preguntas. Antes de que pudiera preguntar qué pasó, la llamada terminó.
Algo en mi pecho se apretó cuando agarré mi bolso y me fui. El viaje se sintió más largo de lo habitual, mis pensamientos se aceleraron y la inquietud se arrastró bajo mi piel.
Cuando llegué al hospital, el olor a antiséptico me invadió de inmediat