Mundo ficciónIniciar sesiónEl invierno avanzaba, y aunque dentro de la casa reinaba la calidez que habíamos construido, algo en el aire empezó a cambiar. Lo noté una tarde, al regresar de la editorial: la puerta principal estaba entreabierta, y al entrar, encontré a Ethan de pie en el salón, con una carta en la mano y la mirada perdida, tan oscura que me detuve en seco. Al oír mis pasos, la escondió de inmediato, pero no antes de que yo viera el sello de cera roja que llevaba en el sobre.
—¿Quién te escribió? —pregunté, dejando mi abrigo sobre el sofá y acercándome despacio. Él tardó unos segundos en responder, como si buscara las palabras sin encontrar las adecuadas. —Alguien del pasado. Alguien que creí que ya no formaba parte de mi vida. No te preocupes, no es nada que no pueda resolver. —Si nos afecta a los dos, debería saberlo —insistí, sintiendo cómo esa vieja inquietud empezaba a crecer de nuevo—. No hay secretos entre nosotros, Ethan. ¿Recuerdas? Suspiró hondo y se sentó, pasándose una mano por el cabello con gesto cansado. —Es de mi tío, el hermano de mi padre. Quiere reunirse conmigo. Dice que hay asuntos familiares pendientes que debo conocer. Asuntos que… afectan también a la herencia y a la empresa. —¿Y eso te preocupa tanto? —me senté a su lado, tomando su mano—. No tienes que enfrentarlo solo. —No es solo el dinero, Lía —respondió él, con voz grave—. Mi tío es igual a mi padre: ambicioso, frío, capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quiere. Si me busca, no es por cariño. Es porque quiere algo. Y temo que lo que quiera sea destruir todo lo que hemos construido. Los días siguientes, Ethan se volvió más silencioso. A veces lo encontraba mirando por la ventana durante horas, perdido en pensamientos que no me compartía. Intenté respetar su espacio, pero cada vez que llegaba tarde o se quedaba encerrado en su estudio, la vieja inseguridad volvía a asomar: ¿escondería algo más? ¿Había algo en su pasado que no me había contado? ¿Y si esa carta no era de su tío, sino de alguien más? Una tarde, mientras él estaba en la ducha, su teléfono vibró sobre la mesa. La pantalla se encendió con un mensaje que no pude evitar leer: "Si no vienes, le diré la verdad a tu esposa. Tú decides." No tenía nombre, no tenía firma, solo esas palabras que me helaron la sangre. El corazón empezó a latirme con fuerza, y cuando Ethan salió de la habitación, no pude contenerme. —¿Quién te escribió? —le pregunté, levantándome de un salto—. ¿Qué verdad? ¿Qué es lo que no me estás diciendo? Él miró el teléfono y luego a mí, y su expresión se transformó en alarma. —Lía, no es lo que crees. Déjame explicarte. —¿Explicarme qué? —grité, con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Que hay algo que ocultas? ¿Que todo este tiempo me has dicho que no hay secretos y me estás mintiendo? ¿Es sobre el contrato? ¿Sobre Victoria? ¿O es algo peor? ¡Dime! —No grites, por favor —dijo él, acercándose con las manos levantadas, como si tratara de calmarme—. No te miento. Solo… no quería que te preocuparas hasta saber de qué se trata. Mi tío sabe algo sobre la muerte de mi padre. Algo que no se dijo en su momento. Y si lo revela, puede arruinar mi reputación, la empresa… y todo lo que tenemos. —¿Y por qué no me lo dijiste antes? —las lágrimas corrían por mis mejillas—. ¿Crees que no soy capaz de enfrentarlo contigo? ¿Crees que si supiera la verdad, me iría? ¿Tan poco confías en mí? —¡No es eso! —exclamó él, tomándome de los hombros con suavidad pero con firmeza—. ¡Es porque te amo y no quiero que te veas arrastrada a algo sucio y peligroso! Mi familia es tóxica, Lía. Siempre lo fue. Y no quiero que te lastimen. Prefiero cargarlo yo solo antes que verte sufrir. —Eso no es protegerme —respondí, apartándome—. Es excluirme. Es hacerme sentir que sigues viéndome como alguien externa, alguien que no pertenece a tu vida de verdad. El contrato se acabó, Ethan. Si no confías en mí para lo difícil, entonces no estamos construyendo nada real. Esa noche no dormimos juntos. Me fui a la habitación de invitados, con el corazón roto y la mente llena de preguntas. ¿Qué verdad era esa? ¿Por qué le afectaba tanto? ¿Y si había algo más oscuro en su pasado que no quería que conociera? Las dudas, que creía ya superadas, regresaron con más fuerza que nunca, alimentadas por el silencio de él y por el miedo de que, al final, yo no conocía realmente al hombre con el que me había casado. Al día siguiente, Ethan me buscó antes de salir. Tenía la mirada cansada, pero decidida. —Voy a verlo —me dijo—. Voy a ir a hablar con mi tío y averiguar qué quiere. Y cuando regrese, te contaré todo. Sin omitir nada. Te lo prometo, Lía. No quiero secretos entre nosotros. Solo… dame este día. Y cuando vuelva, sabrás la verdad, sea cual sea. Quise abrazarlo, quise decirle que no fuera, que lo enfrentáramos juntos. Pero algo me detuvo. El orgullo, el miedo, la herida que él mismo había abierto con su silencio. —Está bien —dije, con voz baja—. Ve. Y cuando vuelvas, por favor, no me ocultes nada. Porque si lo haces… no sé si podré seguir aquí. Asintió con gravedad y salió. Y me quedé sola en la casa, mirando cómo la puerta se cerba tras él, sintiendo que algo importante estaba por cambiar. No sabía qué encontraría, qué le dirían, ni qué verdad volvería con él. Pero supe, con una certeza que me heló el pecho, que nuestra paz había terminado. Y que lo que venía pondría a prueba no solo nuestro amor, sino todo lo que creíamos saber sobre nosotros mismos.






