George
Abrí mis ojos y no reconocí el lugar donde estaba, era extraño, no podía formular en mi cabeza la pregunta, miré mi ropa y tenía un traje blanco, miré mis manos y eran las que solía recordar, me llevé las manos a mi barba y ahí estaba.
— ¿Dónde estoy?—susurré para mí mismo, la voz que escuché, era mía, no era débil, no era ronca ni baja, no tenía las llagas de mi boca y me escuché claro.
—George, —escuché que me llamaron y la voz era familiar, busqué de donde venía y ahí estaba, era Br