George
Estaba encerrado en el baño desde hace diez minutos, me había inyectado en el musculo la dosis de morfina recetada por mi doctor de Estocolmo, con ella podría soportar durante el día el dolor por el cáncer que aún seguía haciendo metástasis. Cerré los ojos y el dolor comenzó a disiparse poco a poco, lo malo de esto, es que quedaba soñoliento. Y tenía que llevar a Elizabeth conmigo a Diamond Group y mostrarle lo que se hace en la empresa de la que será heredera en un futuro.
— ¿Está todo