George
Estocolmo, Suecia.
Dos semanas exactas desde que había regresado a Estocolmo a retomar el tratamiento de un mes, las ojeras debajo de mis ojos estaban remarcadas, señal de que no he podido dormir lo suficiente después de cada sesión. Llevé mi tenedor con comida a mi boca, no se me apetecía absolutamente nada, era un efecto secundario, pero tenía que comer, tenía que alimentarme aunque mi cuerpo lo expulsara.
—Toma un poco de fruta. —Marie a mi lado me ofreció el plato, pero negué.