Ronald
La casa del lago, a las afueras de la ciudad
El vidrió se hizo añicos contra la pared de madera, el líquido se deslizó hasta llegar a la duela, mi respiración era agitada, mi pecho subió y bajó, mi corazón estaba latiendo tan aprisa que me obligué a detenerme, así como a las lágrimas que estaban por caer por mis mejillas.
— ¿Ya terminaste? Si no para ir por otra caja más de vasos. —dijo mi hermano, Bill. —Estás ahogándote, Ron. Tienes que gritarlo, hablarlo y así sacarlo de tu sistema.