George
Mis dedos temblorosos ajustaron delicadamente el cinturón de seguridad del asiento de Elizabeth, había insistido en hacerlo yo mismo, pude ver seriedad en su rostro con esas diminutas pecas en su nariz que se veían adorables pero sus ojos marrones claros estaban apagados y no me había regalado una sonrisa desde que había bajado del auto en la pista.
— ¿Estás molesta con algo? Puedes contármelo…—susurré al terminar de ajustar el cordón, ella me miró finalmente después de un silencio.
—Ex