Elizabeth Western
Mansión de los abuelos Western
—La cristalería, y la mesa de postres, ya está listo. —le dije a mi abuela, pero al no ver una respuesta de ella, giré mi rostro. Ella estaba dormida con su cabeza mirando su regazo. Acaricié su mano que estaba recargada en uno de los brazos de la silla de ruedas, ella se sobresaltó y abrió sus ojos.
—George, dime. —dijo de repente, miró por la habitación y luego sus ojos se posaron en mí. —Elizabeth, mi niña, ¿Sí?—susurró. — ¿Qué es lo que ya es