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El señor Wagner era tan extraño, me hacía cambiar de humor como nadie más en este mundo. Así que salí de la empresa enojada, mientras mi corazón latía con fuerza. Pero a pesar de que estaba muy confundida, la camioneta blindada ya me estaba esperando fuera de la empresa. Así que uno de los porteros del lugar, me abre la puerta de la camioneta.
Entre a esta y ahí estaba Liam, esperándome con una sonrisa en su boca.
–Buenas tardes, señorita Williams. –Me dice el amable chofer.
–Hola. –Le con