Se levanta y como es su costumbre limpia sus comisuras sonriendo con lascivia
—¿Lo estás disfrutando? — Cuestiona, no respondo nada, me limito a empujarlo en aquel sillón y cuando está sentado me subo en su regazo. Desabrocho su pantalón con rapidez para tomar su miembro e introducirlo en mí. Comienzo a mover mi cadera, besándolo desenfrenadamente invadida por la lujuria, Rocco coloca ambas manos en mis caderas y comienza a acelerar los movimientos para embestirme con mucha más fuerza.
Siento o