81. No era mi culpa
Maggie estaba de piedra, el miedo se había disparado con intensidad dentro de ella y las palabras parecían haberse quedado atascadas en su garganta y los recuerdos de las notas, la caja, el acoso, todo, regresó con fuerza a su mente.
—¿T-Tú, qué se supone qué haces aquí? ¡NO PUEDES ESTAR AQUÍ!
—El juez te dio la custodia del niño, Margaret, pero no me prohibió verlo y yo cumpliendo con lo estipulado envíe a tu apartamento una carta donde avisaba que quería verlo ese día.
Sin palabras, así era c