70. Mi oficina no es un baño público
Barbara estaba que echaba humo por las orejas de la rabia que sentía.
No podía creer que su propio hijo se hubiera atrevido a amenazarla y mucho menos que lo hiciera por defender a la m*****a bastarda. Hace muchos años que había pensado que se había librado de todos estos problemas, pero al parecer debió haber sido mucho más radical cuando esa cualquiera apareció.
Estaba dando la tercera vuelta a la sala de estar de la mansión cuando la figura de George apareció enfrente de ella y se veía cas