“¿Negarás la orden directa de tu príncipe?”, preguntó con voz firme. Era un acto, lo conocía lo suficiente como para saberlo. Pero él me estaba dando la razón para que cumpliera con sus deseos si así lo deseaba.
Y yo también lo deseaba desesperadamente.
“Está bien”, dije al fin. Utilizó a sus sirvientes para desviar la atención de nosotros. Cuando estuvo seguro de que estábamos a salvo, me llevó fuera al balcón donde estábamos solos.
La noche ya había caído. La luna brillaba sobre nosot