Me preocupé por Elva todo el día, por sus habilidades y los peligros que podrían traer. Estaba tan distraída con mis pensamientos que no me di cuenta de que Elva estaba empezaba a sentirse mal al tomar mi mano y sentí lo húmedas que estaban sus palmas.
“¿Te sientes mal, Elva?”. Presioné el dorso de mi mano contra su frente. Ella estaba ardiendo. “¿Por qué no dijiste nada?”.
“Te pondrías triste”, dijo Elva.
Ella era una niña muy considerada y trataba de protegerme. Pero todo mi corazón s