Nathan nos hizo señas a Elva y a mí para que avancemos, cerca del borde de la escalera principal.
“Ahora presentamos”, dijo Nathan. “Piper y su hija Elva”.
El cortés aplauso cesó abruptamente. En su lugar, susurros y murmullos estallaron en la habitación.
“¿Mami?”.
“Está bien, mi amor. Solo recuerda, eres una princesa”.
Elva asintió. Levantó su pequeña barbilla, ocultando la forma en que temblaba su labio inferior.
Tomadas fuertemente de la mano, comenzamos a bajar las escalera