A mi lado, Nicolás gruñó.
Ambos lo ignoramos ahora.
Julián me sonrió. “Gracias, Piper”.
A medida que el día se convertía en tarde y la tarde en noche, no podía dejar de pensar en el cuchillo de Jane y en lo cerca que había estado de ser ensartada.
Si Nicolás se hubiera tardado medio segundo más, podría haber muerto.
Si hubiera muerto...
Temía esos pensamientos, pero aun así me obligué a afrontarlos.
Si hubiera muerto, habría muerto como alguien que se abstenía de las cosas q