Atardecía y casi todos los trabajadores se habían retirado de INVERGRUP, excepto los guardias, que venían llegando al cambio de turno. Excepto Ken, que revisaba unos planos en su laboratorio. Allí nacía cada nuevo robot de la empresa, de su prodigiosa mente llena de circuitos y señales y de las de sus ingenieros. Era un maternidad. Él no era una madre, claro que no. Humildemente allí se sentía como un dios.
Fue al mesón y corrigió unos circuitos, mirando los planos.
—BIP, necesito un diodo Zene