Al salir del quirófano, Katya estaba exhausta. Entre salvarle la vida a un paciente, lidiar con Egan y las miradas de las enfermeras, gracias al espectáculo de Egan y el hecho de que ella había sido la rechazada para el trabajo, la habían agotado a niveles estelares. Todo ello teniendo en cuenta que los últimos días, desde que había decidido atender a Egan, no había descansado nada ni había comido demasiado bien.
Y estaba Egan, pensó Katya cuando volvía a entrar al pasillo donde lo había dejado