Katya entrevistó a algunos doctores y demás enfermeros ese día. La mayoría eran de esa región de Italia y por ende no había problema con que empezaran a trabajar pronto. Sin embargo, cuando empezaron a llegar los que ella había citado que venían del extranjero, algunos cuyas lenguas ni siquiera entendía, los nervios empezaron a hacer estragos en las manos de Katya. Ella estaba recostada en la pared junto al dispensador de agua, el vaso de papel temblaba sobre su mano, incapaz de llevárselo a la