Cuando Katya se fue, Egan soltó el teléfono y se encaminó con zancadas decididas hacia el mostrador, donde Ivan estaba sentado cómodamente. Él no lo golpearía, con el cabestrillo no es como que pudiese, pero se había prometido a sí mismo que no haría nada para estresar más de lo que ya estaba a Katya.
– ¿Qué crees que haces aquí, Ivashkov?
Ivan lució sorprendido.
– ¿Ya te sabes mi apellido?, no puedo creer que en serio me investigaste. Te debes sentir muy intimidado para averiguar quién soy. Qu