– Egan, ¿qué tipo de huida hacemos? –Preguntó Argus, rígido como un soldado.
Katya parpadeó repetidamente. – ¿Volviste a trabajar para él?
Argus frunció su boca, mirando a Katya con pena.
– Nunca dejé de hacerlo –Katya sintió que su boca se abría de golpe–. Egan me dijo que te siguiera, que te cuidara. Yo seguía bajo su nómina, nunca me despidió ni renuncié. La última orden que recibí de Egan era abandonarlo a él y seguirte para mantenerte segura.
La respiración de Katya se había vuelto superfi