Y entonces, Egan se partió en risas. Katya quiso memorar el momento para contárselo a futuras generaciones: Egan era capaz de reírse, y cuán dulce era su risa. Era melodiosa, escandalosa y completamente contagiosa. Katya se empezó a reír también junto a Egan, pero cuando lo sintió acercarse más a su rostro, Katya enmudeció de golpe y permitió que él se inclinara sobre ella en la camilla hasta que las puntas del cabello de Egan le hacían cosquillas en las mejillas de Katya.
Fue cuando finalmente