ORGULLOSO DE ANUNCIAR...
- ¡Puedo explicarlo, Aimê!
Odette y Lucca regresaron, mirándonos fijamente:
- ¡Tenemos que irnos! Son más de las diez.
Sacudí la cabeza, atónita, sin dejar de mirar a Max:
- ¡Yo lo defendí, carajo! ¿Para qué?
- Aimê, sea lo que sea lo que estáis discutiendo Max y tú, ahora no es el momento. Hay varias personas en esa sala esperando el discurso de los reyes y Lucca y tú tenéis que aseguraros de que no se diga nada. - Odette era sabia.
Respiré hondo y seguí a Odette y Lucca, con Max detrás de mí.