Antes de que dijéramos nada, el duque Giancarlo Cappel ya estaba quitando a su esposa de los brazos del rey, mirándolo con celos.
- ¡No me siento bien, mi amor! – se arrojó sobre su marido.
El duque podría haber dicho cualquier cosa, pero no lo hizo. Simplemente levantó a la mujer y se fue.
- La situación entre ustedes parece tensa. - Observé.
- Muy tenso – confirmó Catriel – Creo que el Duque Cappel es una gran oposición para mí en la Corte.
- ¿Pero por qué?
- Tal vez porque cree que la corona