En cuanto me hubo envuelto el pelo húmedo con la toalla, cogí otra y me sequé el cuerpo, luego me puse la bata suave y cómoda que me habían dado y, por último, las bragas.
Me di cuenta de que, aunque acababa de salir del baño, seguía llorando sin darme cuenta.
Llegué al dormitorio y había una taza humeante de café puro junto a la cama.
- Bébetelo todo. No lleva azúcar, pero es a propósito. Te pondrá sobrio.
No discutí. Me senté en la cama y me bebí el café cargado, haciendo una mueca. La mi