31. No eres su hija
Dorian
Estaba impaciente esperando que Anais regresara, porque estaba seguro que ella volvería a mi habitación, sentía que había pasado una eternidad desde que se fue, estaba dispuesto a ir a buscarla pata verificar que todo estuviera bien, cuando ella abrió la puerta, entro velozmente y la cerró, traía un bolso con un poco de ropa en sus manos y sonreía como una niña que acaba de hacer una travesura, me acerque a ella.
—¿Qué sucedió? ¿Por que entras así? —pregunté y ella solo sonreía.
—Buen