Capítulo 60: Su nombre.
—Por favor…por favor…no me dejen solo…se los suplico —
Aquella escena era desgarradora. Aquel no era un llanto, era, más bien, un doloroso alarido lobuno que nacía desde lo más profundo de aquella alma rota que se aferraba a aquella mujer a la que amaba con toda su alma. El pequeño dentro de ese vientre, había dejado de moverse.
—¡No! ¡No! ¡Es mi hijo! ¡Es mi hijo! — gritó Ares con desesperación sintiendo el alma destruida.
El corazón de Eufemia, había dejado de latir.
—¡Eufemia! ¡Despierta! ¡T