Al día siguiente, Debora despertó y vio a su esposo acostado a su lado en la camilla del hospital. Jarli había pasado la noche vigilando su sueño, sin dejarla sola ni un momento.
—Jarli —susurró Debora, tocando suavemente su brazo para despertarlo.
Él abrió los ojos lentamente y la miró.
—¿Cómo te sientes, amor? —preguntó él, su voz suave y ronca.
—Mejor. Gracias por quedarte conmigo —respondió ella, mordiendo su labio inferior.
Jarli se incorporó y se estiró, aliviado de ver que Debora parecía